Los habitantes del sector Las Delicias, en Cúcuta, Colombia, están acostumbrados a convivir con malos olores debido a que un tramo de la calle única, entre las manzanas 17 y 18, se ha convertido en un punto donde suelen abandonar restos de animales. Por esa razón, durante varios días nadie sospechó que en medio de la trocha se encontraba una persona sin vida, envuelta y en avanzado estado de deterioro.
Fue alrededor de las 11:00 de la mañana del jueves, cuando uno de los vecinos decidió observar con mayor detenimiento un bulto que desprendía un olor fuerte. Al acercarse, notó que no se trataba de restos de animales, como era habitual, sino de un hombre, por lo que de inmediato dio aviso a la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc).
“Uno siente el olor y no se imagina algo así, porque aquí siempre botan animales. Esta vez fue diferente”, relató uno de los residentes del sector, aún sorprendido por el hecho que alteró la tranquilidad del barrio durante las festividades de inicio de año.
Algunos vecinos manifestaron que en meses anteriores habían observado la presencia de hombres armados transitando por la zona, quienes en una ocasión se identificaron como parte de un grupo ilegal y realizaron preguntas antes de retirarse. Sin embargo, aclararon que en los días previos no escucharon ruidos extraños, pues los sonidos propios de las celebraciones pudieron ocultar cualquier situación anormal.
Hasta el lugar, ubicado en el Anillo Vial Occidental, llegaron uniformados para acordonar el área. Posteriormente, personal de la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) adelantó las labores técnicas y de verificación correspondientes, confirmando que el hecho no era reciente y que el clima aceleró el deterioro del cuerpo.
Durante la inspección, los investigadores identificaron una lesión en la cabeza, lo que sugiere que se trató de un hecho violento bajo investigación. Además, hallaron un tatuaje en la espalda con referencia al Cúcuta Deportivo, detalle clave para establecer la identidad.
Gracias a esa marca, familiares reconocieron que se trataba de Camilo Andrés Peña Pérez, de 22 años, nacido en Cúcuta. Una prima recordó que habló con él la mañana del 31 de diciembre, cuando pasó por su casa y realizó algunos trabajos ocasionales para ganarse el sustento.
Sus allegados explicaron que el joven atravesaba una situación personal compleja, por lo que permanecía largos periodos sin contacto, realizando oficios informales. Aseguraron que nunca mencionó amenazas y lo describieron como alguien tranquilo y reservado.
Camilo Andrés Peña era huérfano desde hace varios años y deja una hija de dos años. Las autoridades continúan con las investigaciones para esclarecer lo ocurrido y determinar responsabilidades en este caso que mantiene en alerta a la comunidad.

