Venezuela continúa enfrentando las consecuencias de los dos fuertes terremotos registrados el pasado miércoles, mientras las autoridades mantienen las labores de búsqueda y rescate en las zonas más afectadas.
El balance oficial confirmó 1,450 personas fallecidas, aunque especialistas consideran que esa cifra podría incrementarse de manera importante durante las próximas semanas.
Expertos en gestión de desastres explican que, tras eventos de esta magnitud, es habitual que el número definitivo de víctimas tarde semanas en conocerse.
Especialistas prevén un aumento del balance
El profesor Ilan Kelman, del University College de Londres, señaló que el número de personas fallecidas probablemente seguirá aumentando conforme avancen las operaciones de recuperación.
Según explicó, todavía resulta imposible calcular con precisión cuál será el balance final debido a la magnitud del desastre.
La profesora Emily So, de la Universidad de Cambridge, también consideró que la cifra oficial continúa siendo baja frente a la realidad que muestran los daños.
Indicó que existen numerosos reportes de personas desaparecidas, edificios colapsados y comunidades donde el acceso sigue siendo muy complicado para los equipos de emergencia.
Miles de personas continúan desaparecidas
Los especialistas señalan que una parte importante del retraso en la actualización del balance responde a que las primeras labores de rescate están enfocadas en encontrar sobrevivientes.
La recuperación de cuerpos suele realizarse posteriormente, una vez que disminuyen las posibilidades de localizar personas con vida entre los escombros.
Además, el enorme número de edificaciones dañadas obliga a realizar inspecciones que pueden prolongarse durante semanas.
Las estimaciones sobre los inmuebles afectados varían ampliamente, dependiendo del método utilizado para evaluar los daños.
Las dificultades complican el rescate
Otro factor que preocupa a los expertos es la situación del sistema sanitario venezolano.
Según Kelman, algunos heridos podrían perder la vida debido a las limitaciones hospitalarias y a la presión que enfrenta la red de salud tras los terremotos.
También mencionó retrasos en la llegada de equipos especializados debido al congestionamiento en la principal carretera que comunica con La Guaira, una de las zonas más afectadas.
A esto se suma la escasez de maquinaria pesada para retirar grandes estructuras colapsadas y la falta de suministros médicos suficientes para atender la emergencia.
Vecinos participan en las labores de búsqueda
Emily So explicó que, incluso cuando existen equipos especializados, muchas personas son rescatadas inicialmente por familiares, amigos y vecinos.
Sin embargo, advirtió que esta situación resulta mucho más complicada cuando los edificios colapsados están construidos con estructuras pesadas de hormigón.
Sin maquinaria adecuada, las posibilidades de acceder rápidamente a quienes permanecen atrapados disminuyen considerablemente.
Proyecciones apuntan a una cifra mucho mayor
Kelman afirmó que todavía no es posible conocer el número definitivo de víctimas.
No obstante, considera viable la estimación preliminar de que el balance final podría superar las 10,000 personas fallecidas.
Esa proyección coincide con cálculos elaborados por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que toma en cuenta factores como la magnitud de los terremotos, la densidad de población y las características de la infraestructura de las zonas afectadas.
La calidad de las construcciones vuelve al centro del debate
Los especialistas también atribuyen la gravedad del desastre a las deficiencias en numerosas edificaciones.
Ingenieros estructurales indicaron que varios de los inmuebles que colapsaron estaban construidos con hormigón frágil y sin el refuerzo de acero adecuado para soportar movimientos sísmicos de gran intensidad.
Kelman sostuvo que, con las normas modernas de ingeniería y construcción, muchos de esos derrumbes pudieron haberse evitado.
Añadió que actualmente existen suficientes conocimientos científicos y técnicos para construir estructuras capaces de resistir terremotos, reduciendo significativamente el riesgo de una catástrofe de esta magnitud.