La voz de Missire Soto, madre de Cristian David Soto Araque, se quebró al recordar las horas más difíciles de su vida. Apenas recibió una llamada internacional con el prefijo +52, entendió que algo no estaba bien. El joven, de 23 años, había emigrado a México en busca de mejores oportunidades, sin imaginar que su historia terminaría lejos de casa.
El hecho ocurrió la noche del sábado 10 de enero, cuando una conocida de Cristian se comunicó con la familia desde el estado de Michoacán. “Señora, a Cristian le pasó algo”, fue la frase que marcó el inicio de una tragedia. Minutos después, la familia confirmó que el joven había estado involucrado en un incidente grave ocurrido en el municipio de Apatzingán, México.
De acuerdo con reportes preliminares, la situación se presentó hacia las 7:30 p. m., en la colonia Niños Héroes, donde las autoridades recibieron una alerta ciudadana por fuertes ruidos en la vía pública. Al llegar al lugar, los uniformados hallaron a dos jóvenes sin signos vitales y una motocicleta abandonada, iniciando de inmediato las labores de investigación correspondientes.
Mientras tanto, en el apartamento familiar ubicado en las torres de San Diego, en Los Patios, el dolor se apoderó de Missire y de Lanny, hermana menor de Cristian. Las horas siguientes estuvieron marcadas por el llanto, la incredulidad y la espera de información oficial, mientras el caso comenzaba a conocerse entre vecinos y amigos del municipio.
Cristian había salido de Los Patios, Norte de Santander, hace casi tres años con el sueño de llegar a Estados Unidos. Tras varios intentos fallidos, decidió establecerse en México, donde trabajó en distintos oficios hasta lograr cierta estabilidad. “Siempre buscaba cómo salir adelante”, recordaba su madre, destacando su esfuerzo constante.
En ese país, el joven logró regularizar su situación y consiguió empleo en una empresa de servicios para eventos. Vivía con su pareja y mantenía contacto permanente con su familia mediante videollamadas. Sin embargo, meses antes del hecho, su compañera sentimental tuvo que regresar a Colombia, dejándolo solo en territorio mexicano.
Cristian era ampliamente conocido en Los Patios por su carácter tranquilo y su amor por el Cúcuta Deportivo, pasión que heredó de su padre. Desde muy pequeño acompañó al equipo rojinegro y celebró a la distancia su reciente ascenso, un recuerdo que hoy su familia guarda con especial emoción.
Además, el joven deja una hija de cuatro años, quien actualmente está bajo el cuidado de su madre y su hermana. “No sabemos cómo explicarle lo que pasó”, expresó Missire, mientras pide respeto y acompañamiento en medio de una situación que aún está bajo investigación y que mantiene a toda una comunidad a la espera de respuestas.














